Formación
La Cuaresma, camino hacia la Pascua
La Cuaresma nunca es un fin. La Pascua sí. Es la realidad en la que resucitados nosotros Dios será todo en todos.
La Cuaresma, camino hacia la Pascua de Resurrección.
Duración.
La Cuaresma dura cuarenta días. Comienza el miércoles de ceniza y termina el jueves santo por la tarde-noche, antes de la Misa “en la Cena del Señor”.
También cabe decir que la liturgia considera el Jueves a la noche, con el Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de resurrección, como el Corazón del Año Litúrgico, lo que llamamos el "Triduo Pascual".
Comienza este Triduo con la Misa “en la Cena del Señor”, y culmina con la Vigilia Pascual el sábado a la noche y el domingo de Resurrección. No olvidemos que la costumbre judeo cristiana considera el día comenzado en sus vísperas.
Inicialmente, la Cuaresma iba desde el Primer Domingo de Cuaresma al Jueves Santo, pero a raíz de una reforma litúrgica, se descontaron los domingos, por considerarlos pascuales. Para redondear nuevamente el número 40, se añadió a la Cuaresma los días que van del Miércoles de Ceniza hasta el Primer Domingo de Cuaresma. De esta manera salen los 40 días.
Por lo que, actualmente, la Cuaresma va, según lo dicho más arriba, desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo excluida la noche con la Misa de la Cena del Señor, donde comienza el Triduo Pascual.
Sentido de la Cuaresma.
A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios. La cuaresma es un gran ejercicio espiritual para ponernos en forma para festejar los 50 días pascuales.
La Cuaresma es un medio, nunca un fin. El fin es la Pascua, la Resurrección, la Vida Feliz y para siempre.
¿Cuánto vale una vida?
Prácticamente a diario contemplamos a través de los medios de comunicación imágenes de conflictos y guerras, donde se nos muestra de forma cruel y absolutamente descarnada la muerte en directo, habitualmente en países en “vías de desarrollo”. Ante estos acontecimientos mostramos unánimemente un rechazo visceral, tanto colectivo como individual, que en ocasiones llega incluso a la náusea física. No podemos reprimir nuestra tristeza cuando leemos en la prensa la matanza de cientos de civiles a manos de terroristas en cualquier rincón del planeta. Sin embargo, a pesar de todo ello, somos capaces de quedarnos impasibles cuando en nuestro primer mundo, garante de libertades y derechos, asistimos a un ejercicio de reduccionismo fundamental, a la negación del derecho más preciado del hombre, sin el que no ningún otro tiene cabida: el derecho a la vida.
En muchas ocasiones utilizamos tecnicismos asépticos, que nos permitan no manchar nuestra conciencia social ni individual con términos escabrosos, tal como es el caso de la llamada interrupción voluntaria del embarazo. En estos días la sociedad española se ha visto abocada a abrir un debate intenso como es el del aborto. Es indudable que una sociedad muestra su grado de avance y desarrollo a medida que consolida los derechos colectivos e individuales de sus ciudadanos, así como ampara y protege a los más débiles. Eso es en definitivo la Sociedad del Bienestar (otro bonito eufemismo para designar simplemente el orden natural de las cosas). Sin embargo, el aborto plantea un desafío ético y moral de tremenda trascendencia.
Mi Cofradía de la Sed a través de mi Cámara
Mi relación con esta querida Hermandad de la Sed viene de antiguo, se puede decir que desde que prácticamente se funda, relación que he materializado a través de mi cámara fotográfica.Empecé a realizar fotografías desde que era un niño, y no crean que me fue fácil, pues en la década de los 60 un niño de pantalones cortos con una cámara de fotos y un flash era algo exótico; incluso en adultos, era algo más bien al alcance de familias acomodadas; la fotografía en aquellos años era una afición cara, un lujo, para las modestas economías de aquella época y si encima lo hacía un niño…Tampoco tuve en mi familia a nadie que me ayudara, me enseñara y menos me animara en este bello Arte, más bien lo contrario. Subyacía aquello “de qué van a pensar de nosotros cuando los que te conozcan te vean con una cámara de fotos colgada”-mentalidad pueblerina, en el peor sentido de la palabra, que existía en aquella época. Por ello tuve que ahorrar peseta a peseta para poder comprarme una cámara de fotos en condiciones, por ello me iba al colegio andando y me ahorraba su importe, también vendiendo el carné mensual del Real Betis por un poco menos de lo que costaba la entrada al estadio; todo ello para poderme comprar una cámara de fotos Yashica ¡mi máxima ilusión!
La Hipótesis de Dios
Se cuenta que Napoleón preguntó a Pierre Simon, Marqués De Laplace, qué papel tenía Dios en el inmenso libro sobre el sistema del Universo que Laplace había escrito. Le respondió sencillamente: “Je n'avais pas besoin de cette hypothèse-là."(no tenía necesidad de esa hipótesis). Hoy día, esta respuesta de Laplace es obvia: está implícita en la propia estructura de la Ciencia. Para lo que nos interesa aquí, que es hablar de Dios y de Ciencia, bástenos decir que ésta consiste en la adquisición de conocimientos sobre el Universo y el mundo que nos rodea utilizando métodos formales. Entendemos por tales los métodos que suministran demostraciones o comprobaciones independientemente de quien los aplica, y que se expresan en un lenguaje unívoco y sin ambigüedades. El ejemplo más evidente es el de las ciencias matemáticas.
¿Se puede saber todo por estos métodos, al menos dentro del campo científico en que se aplican? No, pero producen un conocimiento cierto, en el sentido de verificable en todo tiempo y lugar. ¿Ponemos un ejemplo? En Matemáticas, los números algebraicos son los que se pueden tratar con los métodos del álgebra. ¿No hay más números que éstos? Sí. ¿Se puede demostrar eso? De nuevo, sí. ¿Se pueden exhibir algunos? Seguimos afirmando: amplias clases de ellos. ¿Hay un nombre para los números que escapan al método algebraico? Sí: números trascendentes. ¿No es, por tanto, la Matemática un auto-suplicio de Tántalo, que busca métodos y luego demuestra que siempre queda algo fuera de su alcance? No; hay algo que escapa a cualquier método que se pueda imaginar, es trascendente a todo: el concepto de verdad científica, es decir, de enunciado demostrable por razonamientos lógicos finitos a partir de un sistema finito de presupuestos.
Hacer la Pascua
Resulta, al menos, curioso que el término “Pascua”, que designa lo que debería ser el centro y alma de toda vida cristiana, resulte una palabra vacía o, al menos, equívoca para nuestro lenguaje de andar por casa.
Así, “hacer la pascua” viene a ser una expresión coloquial con la que designamos el hacerle, lo que se dice, una “faena” a alguien.
Hablar de “Pascua” ahora, cuando no hace mucho que hemos celebrado la Navidad, nos sabe a los mantecados y turrones que acabamos de comernos mientras nos deseábamos “felices Pascuas”.








